28-06-19

   Sepan quantos esta carta bieren cómo yo, Pedro Enríquez, ginovés rresidente en esta ysla de Tenerife, una de las de Canaria, administrador que soy del nabío nombrado «La fama volante», de que es capitán Mateo Hooch, olandés, que es de porte de trescientas toneladas, con beinte y seis pieças de artillería y la gente y marineros necesarios para su nabegación, el qual está oy surto y ancorado en el puerto de Santa Cruz de esta dicha ysla, sano de quilla y costado: otorgo y conozco por esta presente carta que fleto la cámara de popa del dicho nabío para con el fabor y ayuda de Dios llevar a España a los puertos de Cádiz o Sanlúcar a el sr. lizdo don Pedro Gómez del Ribero, del Qo de Su Magestad, oidor de la Real Audiencia de Sebilla, visitador en estas yslas de los juzgados de Yndias y contrabando, y a su mujer y oficiales de su comissión y demás criados, que an de ser entre todos quinze perssonas y no más, y la ropa que tubieren, con calidad que las personas y rropa que no se pudiere acomodar en dicha cámara de popa se an acomodar en otra parte del nabío, la más a propósito, como no sea en el rrancho de Santa Bárbola ni camarote del capitán. Y el dicho fletamento ago por precio de mill ducados, que son once mill rreales, los quales me a de pagar la mitad dellos en moneda corriente en estas yslas, como yrá declarado, y la otra mitad en qualquiera de dichos puertos de Cádiz o Sanlúcar, donde llegaremos con dicho nabío, en moneda de plata doble corriente, y si fueren menos de dichas quinze personas de la casa y familia del dicho sr. don Pedro se me a de pagar por entero dichos mill ducados. Y en el biaje daré leña, agua y sal, como es costumbre, y pueda dicho sr. don Pedro entrar en dicho navío todo el matalotaje y bebida que quisiere sin que se le ynpida. Y por quanto está para hacer biaje a las yslas de Lanzarote y Fuertebentura a cargar de orchilla, me obligo de benir con dicho navío a la ysla de Canaria, donde de presente está dicho sr. don Pedro Gómez del Rribero, donde lo recibiré en el puerto con las demás personas de su familia declaradas y su rropa y matalotaje. Y estando en dicho puerto se an de enbarcar dentro de quatro días contados desde el de mi llegada y hechado el primer ancla. Y si por culpa de dicho sr. don Pedro pasaren dichos quatro días sin enbarcarse todos los tubiere más, por las demoras me a de pagar trescientos rreales cada día de los que aguardare. Y luego questén enbarcados e de bolber con dicho nabío a el dicho puerto de Santa Cruz para reçibir algunos despachos, de donde e de dar a la bela con toda brebedad en derechura para los dichos puertos de Cádiz o Sanlúcar, donde se me an de pagar los otros quinientos ducados de resto de los mill de este fletamento, por abérseme de entregar los otros en Canaria. Y el pagamento a de ser quatro días después de estar desenbarcados en España en moneda de plata doble corriente con solo el tanto de esta escriptura y mi sinple juramento o de quien tubiere mi poder, en que queda diferida la prueba y liquidación, y para su seguridad y paga se a de obligar dicho sr. don Pedro, y en su nonbre en esta escriptura don Pedro de Belasco y el capitán Lázaro Rribero de Escobar, residentes y vecinos de esta ciudad […]. Y es declaración de todas las partes que el dicho nabío de este fletamento a de yr a las dichas yslas de Lanzarote y Fuertebentura y estar de buelta en la de Canaria hasta veinte de nobienbre primero benidero de este año para que se enbarque dicho sr. Don Pesro y su familia y rropa, como está declarado, y si antes de dicho tiempo llegare a el dicho puerto es bisto aberse de enbarcar en los quatro días que están puestos en esta escriptura, y pasado dicho día veinte de nobienbre, no estando dicho nabío en el puerto, pueda buscar dicho sr. don Pedro Gómez del Ribero otro nabío para yr a España y queda con esto distratada esta escriptura sin que ninguna parte pueda usar della […]. En la noble ciudad de San Christóbal de La Laguna, que es en esta ysla de Tenerife, en dies y nuebe días del mes de setienbre de mill y seiscientos y cinquenta  y cinco años […]. [Firmas del escribano, de Pedro Enriques, Pedro de Velasco y Lázaro Ribero de Escobar].

AHPSCT, Prot, Not., leg. 506, reg. de 1655, fols. 316 v.º-319.

   A primera vista, estamos ante una escritura de fletamento de una persona de elevada condición social, que se embarca con su séquito desde Gran Canaria hasta la Península (como era usual, a un puerto del complejo portuario andaluz: Cádiz o Sanlúcar de Barrameda). El navío era holandés, bien artillado y de tonelaje considerable, a medias entre un barco mercante y de guerra, condición por lo demás no infrecuente, pues de esa manera podía utilizarse para carga (de hecho, debía recoger orchilla en Lanzarote y Fuerteventura), o bien dedicarse al corso. El empleo de navíos extranjeros como transporte de confianza, mercantil e incluso para transporte de tropas al frente flamenco, fue habitual desde los años veinte y treinta del seiscientos, se tratase de embarcaciones inglesas u holandesas. El ilustre pasajero, de quien se menciona pertenecer al Consejo de Castilla y ser oidor de la Audiencia de Sevilla, iba a retornar a España con su esposa, sus ayudantes oficiales y algunos criados, un grupo de unas 15 personas, por cuyo traslado se exigía una elevada suma: 1.000 ducs., cuya mitad era pagadera en moneda corriente en Las Palmas de Gran Canaria, lugar de embarque de los pasajeros, y la otra mitad en el puerto de llegada andaluz, pero en otra moneda más valiosa: en plata doble (de la retornada de Indias), lo que suponía una saneada ganancia para el propietario del barco y un notorio desembolso para quien debía comprar esa moneda. Lo curioso es que el flete se concertase en Las Palmas, y que el navío no se encaminase directamente desde ese puerto a su destino, sino que debía volver a Santa Cruz a recibir ciertos despachos, trayendo consigo a los pasajeros. Gómez del Ribero se sirvió de dos personajes para ese cometido: al menos uno, Pedro de Velasco, sería empleado en varias ocasiones por oidores o generales para cometidos de carácter institucional, en especial de tipo monetario (cobranza de cantidades, depositaría…). Es decir, que no es una delegación o poder de actuación de índole personal. Respecto a las condiciones del viaje, destacamos:   

  • No incluía alimentación, pues se limitaba el contrato a ofrecer lo mínimo incluido en los fletes: agua, leña y sal, pero se consideraba incluido en el precio concertado el embarque de comida y bebida por Ribero, quien seguramente dispondría de concinero en su comitiva.
  • Se reservaba como alojamiento para este y parte de sus acompañantes (se supone que Ribero, su esposa y quizá los oficiales) la cámara de popa, pero previendo que las quince personas no se acomodasen en ese recinto se hablaba en términos genéricos de hallarles otro espacio, exceptuando dos: el «rancho de Santa Bárbola» (o Bárbara), nombre que designaba el polvorín y el espacio que comunicaba con este, y la cámara del capitán. El mencionada «rancho» podía en ocasiones ocuparse por algunos tripulantes de un barco (capellán, sargento de artillería, cirujano… o para guardar pertrechos del contramaestre).
  • Se penalizaba la demora del embarque por Ribero, pero no la posible tardanza del barco en presentarse en Las Palmas tras cargar la orchilla en las islas orientales, pues solo podía conllevar la rescisión del contrato, lo que difícilmente sucedía, ya que era complicado muchas veces hallar embarcación en condiciones para ir a España en circunstancias idóneas.

   Por último, tengamos presente la fecha del flete (19 de septiembre de 1655), y la data de embarque convenida: 20 de noviembre, dos meses después. Era evidente que resultaba premiosa la partida.

   Vayamos ahora a la contextualización y explicación. Don Pedro Gómez del Ribero, fiscal de la Casa de Contratación y oidor de la Audiencia de Sevilla, había sido comisionado a finales de 1652 por la Corona para acudir con oficiales a Canarias en calidad de juez superintendente para esclarecer los exçessos que en las dichas islas se an cometido y cometen en las arribadas maliçiosas […]  y en todo lo demás que allí se ofreçe tocante al comerçio y paga de derechos… En otras palabras, la Corona, presionada por el Consulado sevillano pero consciente del fraude enorme, tanto en el privilegio trato mercantil de Canarias con América como en los arrendamientos de las rentas reales, quería conocer de primera mano la realidad para suavizar esos fraudes y abusos. Dada la generalización y antigüedad de las prácticas ilícitas y de la complicidad institucional y social con esa situación, la iniciativa alarmó en las islas realengas, en especial cuando comprobaron la competencia y profesionalidad de Gómez del Ribero en el cumplimiento de su misión. Desde su llegada en el verano de 1653 hasta su salida de las islas, más de dos años después, fue objeto de presiones y los Cabildos  ̶ eficacísimos portavoces de la clase dominante ̶  y otras instituciones, como el Santo Oficio, se prodigaron en memoriales a la Corte y ofertas de subidas cantidades para que sus intereses no peligrasen (intento de un donativo a la monarquía para desmontar la labor de Ribero, alejarlo de las islas y mejorar las condiciones de la Carrera de Indias, sobre todo en un contexto marcado por la pérdida del mercado lusitano después de la independencia portuguesa en 1640, y la leva de 1654 que se hizo sentir en las islas justo en el verano de 1655). Pero los acontecimientos se «precipitaron» en el motín (muy conocido desde Viera y Clavijo) de la noche del 28 de julio de 1655, cuando una multitud de personas armadas entró violentamente en la residencia de Gómez del Ribero en la capital tinerfeña (La Laguna), hiriendo a un criado, amenazando al comisionado, al que robaron su valiosa documentación y la quema, sin que interviniesen las autoridades isleñas sino para propiciar su salida de Tenerife rumbo a Gran Canaria. Sabemos que tanto en este motín como en otros posteriores de corte similar la clase dominante sembraba las consignas y favorecía las condiciones para que una «turba», supuestamente incontrolada, actuase como brazo armado de sus objetivos, lamentado luego tal actuación en la oportuna sesión concejil. Esto explica el flete de retorno, convenido por unos personajes al servicio de las instituciones mes y medio después del asalto y huida del comisionado regio a Gran Canaria, quien por condiciones del barco sería obligado ̶ como hemos leído en las cláusulas del flete ̶ a visionar de nuevo la isla de la que en realidad fue expulsado para recoger esos «despachos» a los que aludía el contrato, antes de llegar por fin a la Península.