Docto. 1

  Sepan quantos esta carta vieren cómo yo, el capitán Juan Martel Peraza de Ayala, regidor de la isla de Canaria, estante a el presente en esta de Tenerife, otrogo e conosco por esta presente carta que arriendo e doy en arrendamiento a Pedro Huésterlin Bantrilla, vezino desta ysla, questáis presente, conviene a saber: toda la mytad de las salinas que yo e y tengo e me pertenesen en la ysla de Lansarote con todo lo a ellas anexo y pertenesyente a su fabricasyón en qualquier manera e con cualesquier prebilegios que tenga e les pertenesca, e según que yo las e tenydo e tengo hasta el presente; que esta mitad que así le arriendo es la mytad de todas las salinas que ay en la dha. ysla de Lansarote, que está en comunydad y a estado hasta el presente con don Diego Sarmiento de Ayala, alguacil mayor del Santo Officio destas yslas de Canaria, suegro del dho. Pedro Huésterlin, y al presente son e pertenesen a bos, el dho. Pedro Huésterlin, por os las aver dado en dote e cazamiento con su hija doña Juana de Mendoza e Rojas. De manera que, según está dicho, la mytad de todas las dichas salinas a my pertenesientes os las arriendo e doy en arrendamiento por thiempo y espasyo de dos años cunplidos primeros siguientes, que en comyensan a correr y se contar desde oy, día de la fecha desta, hasta ser cunplidos y acabados, para que por bos e por las personas que señaláredes en la dicha ysla o en ella elixiéredes o quisiéredes ynbiar las podáys admynistrar, coger e aprovechar como yo haría e hazer podría syendo presente, que para el dicho efeto os pongo en my lugar, por quanto por arrendamiento dellas me days en cada uno de los dichos dos años trezientos y setenta ducados de a honze rreales cada uno, moneda destas yslas, pagados en esta manera: los syento y sinquenta de la paga deste presente año, ques la primera paga, luego, en dineros de qontado en tostones reales […]; y los siento y sinquenta por el día de San Juan de junio que verná deste presente año en que estamos; y los setenta ducados restantes a cumplimiento a la dicha primera paga os quedan en vuestro poder para darlos y pagarlos por mí al marqués de Lanzarote, que son e los pago de tributo en cada un año a el redemir sobre las dichas salinas a mí pertenesientes, y estas se las a de pagar a el dicho marqués a los plasos y en la forma qontenida en la escritura del dicho tributo. Y los otros trezientos y setenta ducados de la última paga del dho. arrendamiento me los a de dar e pagar el dho. Pedro Huésterlin en la dha. forma qontenida en esta primera paga, pagando a el dho. marqués otros setenta ducados, e lo que líquidamente paresiere por la dha. escritura debérsele del dho. tributo, de manera que al fin de los dhos. dos años me a de aver pagado todo el presio del dho. arrendamiento […] e me a de dar feniquito del dho. marqués de lo que por mí le a pagado. Durante el qual tiempo de los dhos. dos años e dos cosechas alsadas e cojidas a tpo. y sasón de las dhas. salinas prometo e me obligo de no vos quitar las dhas. salinas por más ni por el tanto que otra persona me dé ny prometa por renta e venta, para cuya siguridad bos las ypoteco por espesial obligón e ypoteca, e me obligo de no las bender ni enaxenar en manera alguna hasta que se aya cunplido este dho. arrendamiento […]. Y otrosí, me obligo que os será syerto y siguro el dho. arrendamiento e no vos saldrá ynpedimento a él y que no e enajenado ni arrendado la dha. my parte de salinas, e quando lo tal conste os bolberé e pagaré luego de llano en el año la cantidad que obiere reçibido conforme a esta escritura […]. Es fecha la carta en la noble çibdad de San Christóbal desta ysla de Tenerife, en veinte e siete días del mes de hebrero de mil e quinientos y nobenta y ocho años […]. [Firman los otorgantes, siendo testigos don Pedro Sarmiento, don Pedro Sarmiento de Ayala y don Agustín de Herrera Rojas, hijos de D. Diego Sarmiento, alguacil mayor del S. O., vecinos todos de Gran Canaria, y Manuel Barón, vecino de Tenerife].

   AHPSCT, Prot. Not., leg. 1.442, fols. 155-157.

Docto. 2

   Sepan quantos esta carta vieren cómo yo, el capitán Juan Martel Perasa de Ayala, regidor e vezino de la ysla de Canaria, residente en esta de Tenerife, otorgo e conosco por esta presente carta que vendo realmente e con efecto de agora e para siempre xamás a Pedro Huésterlin Ventrilla, vezino desta dha. ysla, questá presente, para él propio e para sus herederos e sussesores, conviene a saver: toda la parte que tengo e me pertenesse en las salinas de la ysla de Lanzarote; conviene a saver: los taxos, calderas, tanque a donde se haze la sal, con todo lo a ella anexo e pertenesiente, sin quedarme ni reserbarme cossa alguna. La qual dicha parte de salinas ove y eredé por fin e muerte de doña María de Ayala y Hernán Perasa, mis padres, que sson notorias e conosidas por de mí, el susodicho, todo lo qual os bendo por libre de tributo, obligaçión, ypoteca que sobrellas tenga persona alguna, eseto con la carga que en esta scretura se contendrá. Y os lo vendo todo ello por preçio e contía de sinco mill e quinientos ducados de oro castellanos, de valor cada uno de onze rs. de moneda destas yslas, que por conpra dello confieso aver resevido en esta manera: dos myll ducados quel susodicho me a de dar y entregar en tantas letras que los monten sobre mercaderes de la ciudad de Sevilla o vezinos de la dicha çiudad, a treynta días vista, y estas dichas letras me a de dar y entregar cada que se le pida; y en mill doblas de un tributo que yo pago a el rredimir sobre las dhas. salinas y su rrédito en cada un año a Juan Mateos Cabrera, vezino de la ysla de Fuerteventura, e a quien de derecho se debe pagar conforme a las screturas del dicho tributo, las quales y las condiçiones dellas a de guardar e cunplir, haziendo la primera paga la del año que vendrá de mill y seysientos; y en seyssientos ducados que me a dado e pagado en dineros de contado, de que soy contento y entregado a mi voluntad, y renun.º la pecunia y leyes del entrego como en ellas se contiene; y el rresto a cunplimiento a la dha. cantidad, ques mill e novesientos ducados, que me a de dar y pagar en esta manera: la mitad dellos de oy, día de la fecha desta carta, en un año, y la otra mitad de oy, día de la fecha desta carta en dos años en dinero de contado, en pas y sim pleyto alguno. De manera que por el preçio y cantidad de suso referida le vendo las dichas salinas con todos los derechos, títulos, mersedes y prehemynencias que tengo en razón dellas y para que en estas yslas no se pueda vender otra sal aviendo la que se hiziere en las dhas. salinas, cuyos recaudos daré y entregaré al dicho P.º Ésterlin e a quien él ordenare, yendo a la ysla de Canaria para que los tenga por título dello. Y si agora o en algún tiempo fuese visto que lo que ansí os vendo bale más preçio del de suso referido, de la tal demaçía y más balor que sea, en poca o en mucha cantidad, le hago graçia e donaçión pura, mera, perfeta, ynrrebocable y no rremobivle que dize el derecho […]; esto, por razón de muchas y buenas obras que suman e montan mucho e más preçio e valor que en lo susodicho […]. Fecha la carta en la noble ciudad de San Christóval desta ysla de Tenerife, en veinte y seys días del mes de junyo de mill e quinientos y noventa noventa [sic] e nueve años. [Fue testigo don Agustín de Herrera, y firmaron Juan Martel de Ayala y Pedro Huésterlin Ventrilla].  

   AHPSCT, Prot. Not., leg. 1.443, fols. 193-195 v.º. 

Docto. 3

   Sepan quantos esta carta vieren cómo nos, el capitán P.º Huésterlin, familiar del Sto. Off.º de la Ynquión, y David Pérez, mercader flamenco rrezidente en esta ysla, dezimos que por quanto yo, el dho. capitán P.º Huésterlin, como señor  que fuy de las salinas de Lansarote, vendí al dho. David Pérez trezientos cahízes de sal puestos en ellas por escritura otorgada en esta ysla en primero de abril de seissientos y dies y nueve años por ante Rodrigo de Vera, escribano público del número della; y después, por un papel que entre el dicho David Pérez y yo hizimos en quinze de marzo de seissientos y veinte años le vendí setesientos y sinquenta caízes más de la dha. sal a entregar en las dhas. salinas dentro en nueve mezes depués de la fecha de una escritura de venta que avíamos de hazer; en cuyo pagamento el dho. David Pérez, entre algunas cantidades, me avía de dar tres mill reales en tantos que diz le devían Juan Días y Hernán Pérez, tonoleros, contra quienes asimismo me avía de dar recaudos bastantes para su cobrª. Y aviéndole entregado por quenta de la dicha escritura y del dho. papel algunas cantidades en diversas partidas, y en espesial en una de treinta caízes quel dho. David Pérez vendió a Henrique Ysam, y en otra de duzientos y veinte y siete caízes que Ber Falcó, mi administrador en las dhas. salinas, cargó y dio por mi orden y quenta del dho. David Pérez a Mainarte Guillermo, y otra de duzientos y veinte y un caízes entregados a Juan Janson, que se cargaron en un navío que se perdió en las dhas. salinas, y otra de sinquenta caízes que traxo a esta ysla Hernando de Franqui por orden del dho. David Pérez; y otra de sien caízes que se entregaron a R.º Adán por mi orden y por la misma quenta. Que todas las dhas. partidas, que son sinco, ynportan seissientos y veinte y ocho caízes. El dho. David Pérez me movió pleito ante la just.ª ordinaria desta ysla y por ante Salvador Fdez. Villarreal, escribano público y del Cabildo della, pidiendo ex.ón contra mí y mis bienes por seissientos y dos caízes de sal que dixo rrestarle yo deviendo, y después se rreduxo el juiº executivo a juizo [sic] de quentas; y en ellas yo, el dho. capitán P.º Huésterlin, he pretendido quel dho. David Pérez me avía de pagar a veinte por siento de quiebra en toda la sal de la dha. escritura y papel que estuvo mucho tpo. a las aguas y serenos sin averla ydo a buscar el dho. David Pérez, y que assimismo no se me devía hazer cargo de los tres mill rs. de los tonoleros por ser ditas falidas y que ya no tenían bienes de que cobrarse ni los rrecaudos eran bastantes. Y assimismo, que por el dho. David Pérez pretendía cargarme sien caízes de sal de los rresibidos por quenta sigún él pretendía del capitán Juan Fiesco, mi yerno, señor que fue de un tersio de las dhas. salinas, no se me devían cargar. E yo, el dho. David Pérez, he pretendido que el dho. P.º Huésterlin se avía de contentar con las ditas de los dhos. dos tonoleros, y que estas avían de correr por su quenta y rriesgo, por lo menos hasta hazer bastante delig.ª y escusión con ellos. Y assimismo he pretendido que en la partida de los duzientos y veinte y un caízes se incluyen las dos partidas de treinta y sinquenta caízes, y que ansí se an de rebatir della. Y tanbién he pretendido que en la partida de los duzientos y veinte y siete caízes de Mainarte Guillermo entraron los sien caízes pertenesientes al dho. Juan Fiesco, y que assí solo se le an de azer buenos al dho. P.º Huésterlin siento y veinte y siete. Y estando en este estado hechas y adisionadas quentas, y consedido término por la Real Aud.ª de Canaria para la justificasión de las adisiones hemos venido en azerlas ajustarlas amigablemente entre nozotros. Y al fin, aviéndolas hecho y considerado todas las dhas. nuestras pretensiones, avemos hallado que en rrealidad, de verdad, yo, el dho. capitán P.º Huésterlin solo devo pagar al dho. David Pérez dos mill y ochosientos y veinte y quatro rs., quedando el dho. David Pérez dueño de las deudas de los dhos. tonoleros para cobrarlas a su voluntad y como le paresiere, y assimismo quedándole reservado su derecho para cobrar de Ber.Falcón o de Juan Fiesco o de qualquiera de los dos que los deviere pagar los dhos. sien caízes de sal. Y en cazo que lexítimamente conste que estos sien caízes se yncluyeron en la partida de los dhos. duzientos y veinte y siete del dho. Mainarte Guillermo, los pueda cobrar de mí, el dho. capitán P.º Huésterlin, y pagando yo, el dho. capitán, los dhos. dos mil ochosientos y veinte y quatro reales. Y con las reservasiones dhas. está fenesido y acabado el pleito que entre nosotros avía, y esta paga a sido acuerdo entre nos que la haga yo, el dho. P.º Huésterlin, en una libr.ª de dos mill y duzientos y veinte y un rreales quel capitán Ambrozio Huésterlin, mi hermano, dio en fabor de P.º de la Barreda por orden del dho. David Pérez sobre el cap. Luis Lor.º, rregidor perpetuo desta ysla, fecha a veinte y sinco de henero deste año, el qual la asetó a pagar […]. Otorgamos la presente en la ciudad de San Christóval desta ysla de Tenerife, sinco días del mes de febrero de mill y seissientos y veinte y sinco años.  

 

   AHPSCT, Prot, Not., leg. 1.542, fols. 118-119 v.º.

   Desde la antigüedad más remota se conoció la extrardinaria importancia de la sal para la vida. Aquí no interesa tanto la contenida de modo natural en los alimentos que ingerimos, sino la que empleamos como condimento o conservante (por ejemplo, en las salazones). Las zonas que no disponían de ese elemento en otra época se veían precisadas a importarlas, a veces desde larga distancia. Las islas Canarias no contaban con yacimientos de sal, pero sí estaban rodeadas por el océano. Pero, obviamente, esto no bastaba. Se precisa terrenos llanos, un agua a cierta temperatura, adecuada insolación y vientos constantes. No abundaron aquí las salinas, destacando durante el Antiguo Régimen las del norte de Lanzarote, frente a La Graciosa, las de la zona de La Aldea y algunas del sur de Tenerife, dejando otras producciones menos importantes y de consumo local. Nos centramos aquí en las primeras, a las que se refiere la documentación presentada más arriba, que además fueron las más importantes, en especial durante los siglos XVI y XVII.

    Ante la carencia de noticia cierta sobre la propiedad y funcionamiento de las salinas, Felipe III dispuso por real provisión de 23 de noviembre de 1601 la apertura de información sobre el asunto, ciñéndose a Lanzarote y Tenerife, a Ruy Díaz de Guerra, un celoso funcionario regio, llegado a las islas en noviembre de 1596 como veedor y contador de la gente de guerra de las islas realengas y juez comisionado para la averiguación y cobranza de las rentas reales. Fue una buena elección, pues Ruy Díaz se había revelado como un puntilloso servidor de la causa pública controlando y denunciando el fraude y las irregularidades cometidas en los arrendamientos de las rentas reales. Aparte de intentar explicar el origen de los derechos de propiedad de la salina, Ruy Díaz quiso animar al rey a adquirir la explotación existente y abrir otras, en especial en Arrecife, donde está una caldera muy a propósito y entre el agua de la mar con la marea sin ser neçesario ayudalla, y que abriendo la caldera y tajos y una çanja por donde pasa el agua y compuertas para que valla y echarla cuando convenga, se haría mucha cantidad de sal. Calculaba que la producción podía alcanzar 6.500 cahíces de sal.

   Como se sabe, Lanzarote era una isla señorial, y su salina perteneció a la familia propietaria de la isla desde su puesta en funcionamiento, en las primeras décadas del quinientos, por Sancho de Herrera  [vid. MACÍAS HERNÁNDEZ, Antonio: «Un artículo vital para la economía canaria. Producción y precios de la sal (1500-1936) en Anuario de Estudios Atlánticos, n.º 35 (1989), y «La industria de la sal: un negocio privado, 1500-1800», en Anuario de Estudios Atlánticos, n.º 54 (2008)]. Heredó la explotación su hijo Pedro Fernández de Saavedra el Mozo, y pasarían por partes iguales, siete a cada uno (aquí comienza el fraccionamiento de la propiedad salinera) a D. Agustín de Herrera, conde de Lanzarote desde 1567 (y futuro marqués en 1584), y a su hermano ilegítimo (el índice de ilegitimidad en la familia señorial era elevadísimo) Diego Sarmiento, quien residiría en Gran Canaria, donde casaría con su prima tercera María de Herrera y Ayala. Según el informe de Ruy Díaz, el conde vendió el 4 de diciembre de 1570 su mitad (7 partes de 14) al capitán Juan Martel Peraza de Ayala, hermano de esta citada María de Herrera. No obstante, la inseguridad y ciertas contradicciones aparecen respecto a la propiedad o las enajenaciones de las porciones salineras, pues ya Ruy Díaz confesaba en su información que no se podía concluir el origen del título de la propiedad señorial de las salinas, ni lo relativo a las fracciones de estas. Por ejemplo, Ruy menciona esa venta de 1570 por un total de nueve partes de catorce, pero a continuación habla de que esas porciones poseídas por Martel en virtud de la operación fueron siete. Es un galimatías, quizá interesadamente urdido en el seno de la familia señorial. Tengamos en cuenta que los padres de Juan Martel Peraza de Ayala, según el Nobiliario, eran primos segundos de los hermanos D. Agustín de Herrera (el marqués de Lanzarote) y Diego Sarmiento.

   Estando así las cosas, en la última década se produjo la irrupción en el negocio de la sal de un mercader y hacendado flamenco, Pedro Huésterlin (Westerling) Vantrilla o Ventrilla (Van Trille), hijo de Pedro Westerling y Ana Jakes Van Trilla, residentes en La Palma. Pedro Huésterlin Ventrilla, regidor y alguacil mayor de Gran Canaria, se asentó en Tenerife. Su acceso a las salinas le vino por su enlace matrimonial con doña Juana de Mendoza Sarmiento, hija del mencionado Diego Sarmiento, en torno a 1593-1594, recibiendo como dote cinco partes de las siete que poseía este. Huésterlin no se conformó y, seguramente viendo una buena oportunidad en un negocio de creciente demanda, pensó en seguir acumulando porciones de unas salinas que solo controlaba de manera parcial. En el documento 1 (febrero de 1598) comprobamos cómo recurrió, en primer lugar, al arrendamiento de la mitad de las salinas que poseía el capitán Martel (las adquiridas al marqués de Lanzarote) por dos años a cambio de 370 ducs. anuales, pagaderos 150 en el acto, 150 en unos cuatro meses, y 70 que debían entregarse al marqués de Lanzarote por un tributo al redimir impuesto por Martel sobre las salinas, quizá como pago parcial de la compra efectuada en 1570. Reparemos en que se hallaban presentes en el acto de otorgación de la escritura tres hijos de D. Diego Sarmiento, pues recordemos que aún poseían parte de las salinas no incluidas en la dote de su hermana. Según el informe de Ruy Díaz, en ese año tuvo lugar la compra de esas partes por Huésterlin. Lo que aporta el documento 2 es que poco después del primer de renta, el 26 de junio de 1599, Huésterlin ya había concluido sus negociaciones para adquirir lo que llama toda la parte  que le pertenecía en las salinas, lo que podría entenderse como las siete fracciones del arrendamiento (o sea, las adquiridas al marqués en 1570), pero extrañamente refiere en el texto que esa propiedad la tiene por herencia de sus padres. ¿Se refiere a alguna porción diferente? El precio es muy elevado para tratarse de solo una catorcena parte o dos, pues montó 5.500 ducs., valor que corresponde a siete catorcenas partes. Lo cierto es que en en 1606 Huésterlin declaraba, con motivo del afianzamiento de una cantidad tomada al Santo Oficio (AHPSCT, Prot. Not., leg. 466, f.º 211), que poseía prácticamente todas las salinas de Lanzarote, pues una mitad menos 1/14  ̶ que declaraba pertenecer a su cuñado D. Diego de Sarmiento ̶  procedía de su dote y tasaba en 5.000 ducs., mientras la otra mitad (valorada en 5.500 ducs.) era la comprada a Martel con el cargo de los 1.000 ducs. adeudados al marqués de Lanzarote en calidad de tributo al redimir.

  Las fracciones debieron ser objeto de más de una transacción en esos años, y de hecho, casi al final de su vida, D. Pedro Huésterlin Ventrilla, como verificamos por el documento 3, datado en 1625, a raíz de un pleito mantenido por este con un mercader flamenco, David Pérez, conocemos que ya la propiedad de las salinas no era suya, pero sí lo había sido al menos hasta 1619-1620, pues en esos años constan diversas partidas importantes de sal vendidas por él. Es más, un tercio pertenecía a un yerno de Huésterlin, el capitán Juan Fiesco, casado con doña Ana de Mendoza Huésterlin Sarmiento. Asimismo se advierte cómo una buena parte de la exportación la controlaban negociantes foráneos, seguramente para llevarlas a sus países. De hecho, en el informe de Ruy Díaz se afirmaba que la sal lanzaroteña era objeto de apetencia por escoceses, flamencos, madeirenses y otras naciones, que a veces debían marchar sin carga por no poder abastecerlos. Ruy Díaz aconsejaba en 1605 la puesta en servicio de otra factoría de sal en Arrecife, donde está una caldera muy a propósito y entra el agua de la mar con la marea sin ser neçesario ayudalla, y que abriendo la caldera y tajos y una çanja para que valla y echarla cuando convenga se haría mucha cantidad de sal. Es preciso puntualizar que la venta efectuada por el marqués en 1570 incluía el privilegio de monopolio sobre el resto de la isla en lo relativo a la presencia de futuras fábricas salitreras, si bien los vecinos podían satisfacer sus necesidades de esa índole en los charcos naturales.

   Otros documentos deberían aclarar mejor estos pormenores y otro aspecto referido al destino real de las exportaciones salineras de Lanzarote, pues no está claro si el grueso de esa producción se canalizaba hacia la pesquería isleña en la costa de Berbería e islas Salvajes o era llevada a otros países europeos, como parece entenderse por el informe de Ruy Díaz y el documento 3.