El equilibrio entre literatura e historia, o entre narrativa e historia, siempre ha sido difícil y cambiante. Sin embargo, sin narración no hay historia. Es una cuestión tan complicada como fijar los límites entre fantasía y realidad. ¿Cuántas dosis de realidad admite una buena novela? ¿Cuánta fantasía un ensayo histórico? ¿Qué es aceptable y qué no? ¿Todo lo que vale en la novela es lícito en historia? ¿Y viceversa? ¿Qué licencias pueden permitirse los literatos? De ahí las diversas posiciones, incluso contradictorias, de los diferentes autores.

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