Sepan quantos esta carta vieren cómo yo, Baltassar Delgadillo, como padre de güérfanos proveydo por off.º de jues conpetente, otorgo por esta carta que pongo por aprendís con Franco Barreto, albañy, vezino desta ysla, a Symón Gonsales, menor, estante en esta ysla, para que por tiempo y espaçio de dos años que corren desde oy le pueda serbir en el dho. su off.º de albañy en todo lo que le mandare y onesto sea de se hazer, durante el qual dho. tpo. dellos dhos. dos años le a de enseñar el dho. ofiçio de albañy a bista de ofiçiales que declaren estar sufisiente para que como un obrero del dho. ofiçio pueda ganar su premyo; y sy ansy no lo hisiere y cunpliere, quel dho. Franco Barreto, cunplido el dho. tpo. dellos dhos. dos años, le a de pagar de ay en adelante por cada un día lo que un obrero del dho. ofiçio suele ganar y gana. Y demás de lo dho., a de dar al dho. mosso durante el dho. tpo. de los dhos. dos años de comer y beber, y si cayere enfermo lo a de curar y dar la cama en que duerma y rrepararle de camyssas y calssado, durante el qual dho. tpo. yo, el dho. Baltassar Delgadillo, obligo a el dho. Symón Gonsales que le sirbirá a el dho. Franco Barreto sigún está dho. y no se saldrá del dho. servi.º en manera alguna. E yo, el dho. Symón Gonzales, que presente soy, con lysençia del dho. padre de güérfanos, que me da y consede, me obligo de cunplir lo que por él está dho. y de cunplir el dho. tpo. de los dhos. dos años en el dho. servicio, y no me saldré del en manera alguna. Y si me saliere o fallas hisiere por enfermedades o en otra manera lo bolberé a servir de nuevo. E quel dho. Franco Barreto aseto lo que dho. es y me obligo de tener en my conpanya y servi.º a el dho. Symón Gonzales y le enseñar el dho. my oficio de albañy sigún está dho. a bista de oficiales, y cunpliré lo que más está dho. por el dho. Baltassar Delgadillo sin que falte cossa alguna. Y demás desto, le daré a el dho. Symón Gonzales la herramienta que un obrero del dho. off.o ubiere menester para ganar de comer. Y para su cunplym.to las dhas. partes y cada una, por lo que le toca, obligamos nuestras personas e bienes avydos y por aver, y el dho. Baltassar Delgadillo la persona y bienes del dho. menor, y dieron poder a las just.as de Su Magestad para que se lo manden cunplir como por sentencia passada en cossa jusgada […]. Otorgaron la presente en la noble ciudad de San Christóbal, ques en esta ysla de Thenerife, en dos días del mes de henero de mill y seyscientos y siete años, y los otorgantes, a quien yo el escrivano doy fee que conosco, lo firmaron de sus nonbres […].

Fuente: AHPSCT, Prot. Not., leg. 66, fols. 216-217.

   Cada municipio (o sea, cada isla, gobernada por su Ayuntamiento) contaba con una figura importante, el padre de huérfanos, en aquella sociedad tan desigual, insegura, carente de resortes compensatorios que auxiliasen en tantos avatares y desamparo, en una época tan dura como el Antiguo Régimen. Esa institución controlaba el ejercicio de la tutela por los particulares, procurando frenar o menguar los abusos de los tutores de menores, y a veces esa figura (el padre de huérfanos) actuaba de oficio, como sucede en esta circunstancia de un menor estante en Tenerife. El nombrado por el Cabildo (se indica en el texto que gozaba de esa condición por nombramiento de «juez competente»), Baltasar Delgadillo, convino con un oficial (recordemos que en cada gremio había tres niveles o grados: maestro, oficial y aprendiz), Francisco Barreto, el aprendizaje del menor Simón González por un período de dos años, duración esta habitual en este tipo de contratos. Siempre se hacía constar que se enseñaría el oficio (en el texto es el de albañil) «a vista de oficiales», pues al término del tiempo convenido serían estos los que evaluarían las destrezas del aprendiz, con el objetivo de que se ganase la vida como obrero. Como solía suceder en esas escrituras, la falta de competencias del aprendiz al final de los dos años  ̶ a menos que hubiese mediado enfermedad o grave negligencia del aprendiz ̶  se atribuía al oficial instructor, quien en ese caso debía seguir manteniendo en su vivienda (le debía dar todo el tiempo comida, bebida, cama, atención sanitaria, ropa y calzado) al muchacho hasta la adquisición de las habilidades requeridas, pero satisfaciéndole el salario diario de un obrero. Además, al final del aprendizaje el oficial lo dotaba con los instrumentos del oficio, y por su parte el mozo aprendiz  ̶ si no cumplía con sus deberes laborales o enfermaba ̶  tenía que suplir de modo gratuito el tiempo «perdido» tras los dos años.