Mapa Insulae Canariae ol Fortunatae

 

 

   Es una imagen procedente del atlas Tabulae contractae, una edición de 1600 de otro atlas anterior de 1598 (Caert Thresoor, de Barent Langenes), realizada por el flamenco Petrus Bertius, filósofo, historiador, geógrafo, cartógrafo (1565-1629). Existen, como suele suceder, varias modalidades (una, por ejemplo, coloreada), y sus dimensiones son reducidas: 9 x 12.5 cm. Al dorso se presenta una explicación, lógicamente con errores. Las islas aparecen en su título nombradas en latín con la denominación mitológica clásica romana  (Fortunatae, Las Afortunadas) y la moderna (Insulae Canariae), y figuran acompañadas en el mapa por las Salvajes y el archipiélago de Madera. En cuanto na cada una de las islas canarias, en la ilustración son citadas como Tenerifa, Gran Canaria, Lansarote, Forteventura, Gomera, Palma, Ferro, aparte de Alegranca, Vachi marini o Lobos (figuran los dos topónimos). Al dorso, sin embargo, en el que se aportan distintos datos sobre las islas, el cartógrafo maneja variantes: Tenariffa o Tenariffe, La Grande Canarie, Lanzarotte, El Hierro. Otros nombres que se resaltan son la ciudad de Canaria (Las Palmas de Gran Canaria), que además se resalta en un recuadro de la parte superior izquierda, con una representación del núcleo capitalino y del castellum (la fortaleza de la Luz) en La Isleta. También se observará la mención de puertos muy importantes entonces como Gerrachica  (Garachico, en esa época, el de mayor tráfico de Canarias)  o Adeca  (Adeje, no tanto por su puerto, como por ser sede de un ingenio azucarero, lo que también explica la cita del puerto de Tassacorde, o Tazacorte, en La Palma). La información, como es habitual en la época, mezcla errores con datos más o menos verídicos, pues los geógrafos bebían de diferentes fuentes, algunas antiguas o de otras contemporáneas pero con notorias falsedades o exageraciones copiadas a través del tiempo, cuando no las tomaban de viajeros o marinos que decían lo que creían haber visto u oído. A los primitivos habitantes, conforme a la mentalidad de la época, se les califica como «inciviles», pero los de finales del quinientos ya le parecían plus civilisez & honnestes. Se atina en la fecha inicial de la conquista (1402), pero solo se mencionan como islas señoriales a La Gomera, El Hierro y Lanzarote, olvidándose de Fuerteventura, y al resto se las asigna a la Corona portuguesa (un fallo clamoroso, impropio de un erudito flamenco, entre otras cosas por la ya larga relación mercantil entre Canarias y Flandes). Las producciones consideradas relevantes en el atlas eran cebada, miel cera, azúcar, orchilla (oricelo), pieles ganaderas, camellos. Sorprendentemente, falta el vino, la brea, una referencia a los pájaros canarios… y, desde luego, el cereal más relevante era el trigo. En lo que prácticamente acierta es en la población de Gran Canaria (9.000 habitantes), pero no es la isla más extensa del archipiélago, como asegura. Finalmente, no podía haber descripción de Canarias sin referirse fantasiosamente a dos aspectos naturales: a) el Teide, al que llama Pico de Terraria, solo accesible en julio y agosto debido a la presencia de la nieve, adjudicándole 15 leguas de altitud (unos 7.000 m), lo que no debe chocarnos porque en épocas posteriores se le seguía atribuyendo alturas desmedidas en varias descripciones; b) el «árbol santo» de El Hierro, que el cartógrafo no duda en elevarv a la categoría de maravilla, la quelle passe toutes les merveilles de nature.