¿Cuál era el lugar y la función de la historia en la enseñanza primaria? El bando vencedor en la Guerra civil española sabía que los contenidos educativos, los valores transmitidos en la enseñanza y la manera de llevarlos a efecto eran esenciales para consolidar su victoria y asegurarse el control sociopolítico a largo plazo. La ley de 17 de julio de 1945 sobre Educación Primaria (la ley no solo se promulgó ese muy significativo día, sino que se publicó en el BOE del 18 de julio de ese año), organizó el sistema educativo hasta, al menos, los doce años. Entre sus objetivos explicitados se encontraba formar la voluntad, la conciencia y el carácter del niño en orden al cumplimiento del deber y a su destino eterno, así como infundir en el espíritu del alumno el amor y la idea del servicio a la Patria, de acuerdo con los principios inspiradores del Movimiento. Obviamente, el nacionalcatolicismo inspirará la educación, será su soporte ideológico, su horizonte moral, y la idea de historia pasará por el tamiz del fascismo de José Antonio Primo de Rivera. La ley establecía dos etapas: una general, de 6 a 10 años, que podría dar paso tras un examen de ingreso, a la enseñanza media (en 1953 se reglamentaría esta de modo casi definitvo sin apenas modificación hasta 1970); y otro período especial entre los 10 y los 12 años, ampliado luego hasta los 14 años (en la teoría, pues en la práctica muchos niños se incorporaban al mercado laboral a los doce años). La organización de contenidos entre los 6 y 10 años era genérica, vaga, mencionándose un plan cíclico, sin especificar ni concretar, y se hablaba de grupos de conocimiento en lo que hoy llamaríamos asignaturas. Eran grupos de conocimiento instrumentales, formativos y complementarios. Nos interesan aquí los formativos, en el que se insertaba la historia, señalándose que constituían la base de la educación moral e intelectual, y abarcaba cuatro órdenes de conocimiento, el segundo de los cuales era el de la formación del espíritu nacional, en el que se incluyen también la Geografía y la Historia, particularmente de España. Esta mescolanza, esta carencia de discriminación entre ideología e historia, explica la práctica de la enseñanza y el tipo de contenidos, pues la formación intelectual solo se atribuía a la Lengua y las Matemáticas.

   Explicado el contexto, más que comentar, describo o ayudo a leer el contenido de parte de estas páginas seleccionadas (la elección no fue fácil, pues este tipo de contenidos ocupaba bastantes días del mes), extraídas de algunos de mis cuadernos de esa etapa. El carácter cíclico, además, nadie sabía en qué consistía. Nosotros y nuestros padres solo sabíamos que había tres escuelas públicas, unicadas en tres lugares diferentes del casco, denominadas por el nombre de los maestros, de manera que el progreso en la instrucción se medía en función del paso de la escuela de fulano a la de mengano. Los cuadernos examinados son del curso 1958-1959, correspondiente a mis seis años, y es importante reflexionar sobre la historia-adoctrinamiento practicado a esa edad por el régimen.

   La primera ilustración (1958) trata de un emblema muy relevante para el régimen y el falangismo: el yugo y las flechas. Extrañamente, falta la consigna patriótica (la consigna: las consignas o lemas eran semanales y encabezaban el comienzo de la jornada escolar). Se describe y «explica»: El escudo de España tiene un yugo y cinco flechas. Estas son las armas de Fernando e Ysabel, llamados también los Reyes Católicos. El yugo es el arma de Fernando, que quiere decir unidad, y las flechas de Ysabel armas de combate. A continuación, ya en la jornada vespertina, se relataba algo significativo, acorde con los principios inspiradores del sistema arriba enunciados: Esta tarde, después de aber venido del campo hemos cantado en la escuela una parte del himno «Cara al sol»: Cara al sol con la camisa nueva, que tú bordastes en rojo ayer me [hallará, corrige el maestro] la muerte si me lleva y no te vuelvo a ver

   La segunda (enero de 1959) inicia con una consigna conocidísima y en línea con uno de los objetivos de la enseñanza primaria, que tanto contaminarán la enseñanza de la «historia»: El hombre es portador de valores eternos. Ese día estuvo dedicado al «generalísimo Franco», con su retrato (desde un principio quedó claro que lo mío no iba de Bellas Artes…), y en su biografía se nos inculcaban pasajes como: En África venció muchas veces a los moros, luchando siempre como un  héroe […]. En el día 18 de julio de 1936, al frente del Ejército y de los buenos españoles, Franco salvó a España de los desórdenes, robos, asesinatos y revoluciones y desaparecer [sic] a la comunistas que querían mandar a nuestra Patria. Toda una lección de historia.

   En la tercera imagen, de abril mismo año, la consigna escatológica era terrorífica, aunque difícilmente un niño de siete años puede captar e interiorizar el mensaje: «La muerte por la Patria es vida», y bajo el título de «Grandeza material de España» (es llamativo que no se destaque la «espiritual») y bajo el escudo imperial comenzaba el discurso: «A partir del descubrimiento de América por Colón se inicia en España un espléndido poderío que culmina en el reinado de Carlos I, nieto de los Reyes Católicos. Pronto llegó a ser España la nación más fuerte del mundo. Nuestros tercios defensores de la fe católica lucharon contra los protestantes y nuestras naves vencieron a los turcos en la batalla naval de Lepanto». Otra muestra del tipo de «historia», en la que la idea de imperio era central, unida a la de patria y de nacionalcatolicismo.

   La cuarta imagen, de dos días después, y por tanto con el mismo lema para empezar el día, está dedicada a un santo: Santa Teresa de Jesús, un icono de devoción franquista, y después de su biografía (como se aprecia, tal como se recogía en el boletín oficial que decretaba la ley de Educación Primaria, los contenidos eran una mixtura, una sucesión indistinta entre religión, historia e ideología), nos adentran en la simbología del régimen, dentro de la cual el escudo y los uniformes eran un tema recurrente. Como se lee, debajo del escudo figura el texto, imagino que dictado: Nuestro escudo es el resumen de las glorias de España. Su significado es el que sigue. El águila simboliza a San Juan Evangelista y representa nuestro catolicismo. La empresa es homenaje a la Falange y a su creador José Antonio. Los castillos representan a Castilla. Las cadenas, a Navarra. Las barras. El león, al reino de León. La granada nos recuerda la conquista de Granada por los Reyes Católicos. Las columnas con el Plus Ultra significan que para raza española no ha habido obstáculos. El yugo y las flechas: unidad y jerarquía. Unas líneas después, se reproducía el himno del Frente de Juventudes: Prietas las filas/recias, marciales/nuestras escuadras van/cara al mañana/que nos prometen/Patria, justicia y pan/Mis camaradas…

   El penúltimo texto, de 11 de junio de 1959, arranca con una consigna-orden característica del fascismo: No parar hasta conquistar. Iba seguida de la descripción del uniforme de Falange, el partido del omnipresente (su retrato, como el del «caudillo», presidía el aula): La camisa azul fue elegida por José Antonio. Su color es azul marrón, color serio. La boina roja significa el sentido heroico del carlismo. La corbata negra, añadida por el Caudillo como señal de luto por la muerte de José Antonio como fundador de la Falange.

   Finaliza este sucinto ramillete de textos otra clase de «historia», de 2 de julio del mismo año, precedida por una consigna imperiosa y estresante para un niño de seis años: España te necesita hecho un hombre. Antes de entrar en materia, había que retornar a bosquejar el escudo nacional y dos banderas o estandartes, tras lo que se desplegaba la inyección adiestradora: Destronado el rey don Alfonso XIII y proclamada la República, esta pone a España en un trance de perecer, pero se salva gracias al glorioso Movimiento Nacional iniciado el 18 de julio, y a través del cual el ejército y el pueblo español se han cubierto de gloria. Por tanto, España está de nuevo en la hora del imperio a las órdenes del Caudillo, recordando la doctrina de José Antonio.