En 1930, Duchamp vio ‘La edad de oro’ y quizá verla fue lo que le impulsó a viajar a Cadaqués y conocer mejor al personaje que se ponía azúcar de dátil en el bigote. Al final acabó siendo el ajedrez, ese juego plástico e intelectual que hizo que Duchamp abandonara la pintura durante un tiempo, lo que más uniría a los dos vanguardistas

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