Sucedió el 25 de agosto de 846, pero siempre se silenció. Ese día, una horda de piratas entraron en la basílica de Roma, la saquearon y profanaron sus tumbas. El historiador José Soto Chica, autor de «El águila y los cuervos», lo revela ahora en «Bajo el fuego y la sal»
https://www.larazon.es/cultura/20221106/r6s3exqmlfdh3h3cpeve4fpw3e.html
