Si traspasásemos a James Bond al Imperio Romano, además de tener licentia occidendi (licencia para matar) también debería ejercer funciones complementarias a las de espía, caso de intendente, correo y policía político. Su jefe no sería M sino un princeps peregrinorum y la sede del servicio estaría a orillas del Tíber en vez del Támesis, en el Castra Peregrina de la colina Celio.
