En 1498, un talentoso y prometedor escultor florentino de 23 años que había acudido a Roma a buscar fortuna recibió el encargo del cardenal francés Jean Bilhères de Lagraulas de, literalmente, realizar «la obra de mármol más hermosa que se haya visto en Roma» para decorar su tumba. El resultado estaba listo al año siguiente. La Piedad de Miguel Ángel Buonarroti se ha convertido en uno de los iconos de la escultura del Renacimiento y de todos los tiempos y fascina a todo aquel que la admira en directo.

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