El retrato más famoso de Iván el Terrible muestra a una persona adulta, no demasiado mayor pero de rostro envejecido y piel ajada. Luce una barba larga y afilada y su mirada –cuyas ojeras acentúan un rostro demacrado– es una mezcla de frialdad e insensibilidad y de paranoia que roza la demencia.

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