El octógono perfecto. Con eso estaba obsesionado el emperador Federico II de Suabia cuando se le ocurrió la idea de construirlo. Pero, lo que parecía una locura, fruto de la obsesión de un monarca por las matemáticas, se ha convertido en un símbolo de la arquitectura medieval europea, que, además, desde 1996, es un monumento considerado por Naciones Unidas como Patrimonio de la Humanidad.
