En 1909, el pintor austriaco Gustav Klimt terminó El beso, una apasionada escena de amor, que con el tiempo se ha convertido en su obra más icónica. La obra y la vida de este vanguardista artista estuvieron rodeados de polémica y escándalos y los puritanos y conservadores círculos artísticos calificaron su estilo de «pornográfico».
