En 1929, el egiptólogo norteamericano Herbert E. Winlock descubrió, bajo el templo de la reina Hatshepsut en Deir el-Bahari, la tumba de otra reina de principios de la dinastía XVIII que fue saqueada ya en la antigüedad, pero que fue «restaurada» y vuelta a enterrar piadosamente por los sacerdotes de la dinastía XXI. Aunque, al parecer, estos se cobraron sus servicios.

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