A finales de 1888, la vida de Vincent van Gogh entró en un periodo convulso del que no terminaría de salir hasta su muerte un año y medio más tarde. La silla de Vincent con pipa es un «autorretrato» muy original del artista transmutado en un mueble que refleja la melancolía que comenzó a invadirle en aquellos días y su delicada salud mental, de la que era plenamente consciente.
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