En 1586, el párroco de la iglesia de Santo Tomé de Toledo encargó a un pintor de la vecindad una obra que recordase el milagroso entierro del señor de Orgaz, dos siglos antes. La leyenda explicaba que dos santos bajaron del cielo para enterrarlo personalmente como premio divino a la humildad, caridad y devoción que demostró en vida.
