Con una vocación científica muy temprana, Franklin estudió y trabajó en algunos de los mejores centros de investigación del momento. Su sólida formación en el campo de la cristalografía le permitió aplicar sus conocimientos a una de las grandes incógnitas de la época: la estructura del ADN. Gracias a las imágenes únicas que consiguió se pudo establecer que esta poseía la forma helicoidal que hoy todos conocemos.

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