El siglo II d.C. fue la edad de oro del Imperio Romano. Buena parte del mérito se debe al emperador Trajano, uno de los más populares de la historia de Roma: llevó al imperio a su máxima expansión, emprendió un gran programa de obras públicas y reformas sociales, y se hizo célebre por su sabiduría al gobernar. Todas sus cualidades le valieron el título de «optimus princeps», el príncipe perfecto.

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