Quinientos años después de que Leonardo da Vinci pintara la Gioconda, la Mona Lisa se ha convertido en un objeto de culto que va más allá de su innegable calidad artística: continuos análisis han escudriñado cada milímetro de la tabla para conocer cada componente de los materiales y se ha estudiado cada detalle de las técnicas que usó el genio florentino para esbozar su mítica sonrisa
